Informe Nº6: Bases para una nueva Constitución en Chile: de la forma y el fondo

Pablo Salvat, Director Observatorio DECIDE.

Cambios constitucionales en el nuevo contexto

Un nuevo espectro parece recorrer nuestra América: la necesidad de recrear y elaborar nuevas cartas constitucionales. En la última década fundamentalmente se ha abierto un debate en distintos países y momentos en torno a le necesidad que se experimenta de diseñar de manera participada nuevas constituciones. Esta necesidad se ha venido expresando en particular después del periodo de gobiernos de facto, cívico-militares, que coparon el poder en buena parte de nuestros países, incluyendo Centroamérica, en particular, desde mediados de los años 60 (Brasil, año 64), hasta los años ochenta. Las luchas contra esos gobiernos, sea por medio de una revolución (caso de Nicaragua) o de transiciones en busca de democracia , han estado marcadas por la necesidad y búsqueda de un nuevo ordenamiento legal-jurídico que contemple y exprese la nueva situación política que viven sus sociedades . Por cierto, el anhelo de distintos sectores políticos y de los mismos ciudadanos y sus organizaciones, de traducir los nuevos tiempos políticos y demandas en nuevas cartas constitucionales que los expresen de manera adecuada, no siempre se ha llevado a cabo. ¿Será que el cambio constitucional es una piedra de toque a través de la cual viabilizar estos proyectos revolucionarios, y sin el cual todas las transiciones quedan presas de un ordenamiento legalista hecho a la medida de los gobiernos anteriores? En otras palabras ¿ es posible una transición democrática, socialista u de otro tipo entre un orden de la vida social a otro sin el cambio constitucional? Pensamos que las transiciones deben producirse tanto a nivel cultural-subjetivo (las mentalidades y prácticas), estructural (la institucionalidad) y también constitucional, como instancia que acopla y permite –a la vez que es resultado en parte de- los cambios en los dos ámbitos primeros.

No ha sido espontáneo que buena parte de las elites de poder, sea económicas, financieras, políticas, comunicacionales, nacionales o extranjeras, no estén de acuerdo en la necesidad de esa traducción que hemos mencionado, sea por que se verían amenazados algunos de sus intereses o prerrogativas actuales, o algunas de sus posiciones de poder. También se dirá que porque muchas veces los propios ciudadanos tampoco empujan con suficiente conciencia y fuerza para la concreción de este anhelo, no logran hacer la conexión, entre sus reivindicaciones y demandas postergadas y los frenos y límites que imponen constituciones amoldadas en función de un modelo de economía y sociedad que los termina negando. Esto muchas veces se expresa en una contradicción entre las aspiraciones democratizantes presentes en un pueblo y sociedad, y los techos constitucionales prefijados en función de intereses particulares y muchas veces, minoritarios. Sin embargo, para comprender la paradoja debe analizarse cómo el constitucionalismo ha sido un proceso/movimiento que históricamente ha desconocido a la ciudadanía, solo la ha “usado” en una restrictiva concepción de la participación y la democracia: el voto. No contamos en nuestras historias constitucionales -salvo algunas recientes como la boliviana- con amplios procesos constituyentes fraguados en las bases de la ciudadanía, en el ejercicio de la participación ciudadana para la construcción y no solo votación de los contenidos de su carta magna. Es más, se ha reconocido el desconocimiento y poca cercanía que la ciudadanía ha tenido históricamente con sus Constituciones, las cuales han quedado como fuerte instrumento de poder en manos de y al servicio de quienes gobiernan.

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